
¿Cuál es la diferencia entre las imágenes que pasan por delante de nuestros ojos y aquellas que produce el imaginario? ¿Cuáles son las más poderosas y “subversivas”? ¿Qué justifica la censura? Las imágenes en sí, sus propósitos o sus usos? ¿Son las imágenes las que son censuradas o lo que pensamos y hacemos después con ellas? La tensión entre visibilidad e invisibilidad, entre imagen vista e imagen imaginada nos lleva a las complejas relaciones entre literatura y artes visuales.
El intento de controlar el discurso público legitimando ciertas voces y relegando otras al silencio constituye uno de los principales objetivos de la censura. Esta está íntimamente ligada al ejercicio de la coerción estatal con el fin de imponer una ideología a pretexto de la protección de los valores de una sociedad.
Gran parte del siglo XX ibérico estuvo marcado por la censura impuesta por regímenes dictatoriales (en especial el Estado Novo y el Franquismo) que afectaba a todas las formas de expresión, principalmente la comunicación social, el cine y la literatura. En paralelo surgen fenómenos de resistencia, tanto abiertamente, como en la clandestinidad, que desarrollaron movimientos como el neorrealismo en Portugal y el tremendismo en España. En este país, tras el fin de la Guerra Civil, gran parte de los intelectuales emigraron, construyendo, así, una impresionante literatura de exilio, contando una versión alternativa a la Historia oficial del régimen vencedor.









